Viven en su cuerpo

por eso cuando el primer niño empezó a inventar un Gigante se subió a la silla para  hacerlo más grande al hablar y, ya empezado el juego, quien quería decir algo más, se subía a la silla. Por eso, por la ayuda del cuerpo, la niña que apenas habla pudo inventar botas grandes para el Gigante. Botas de tacón amarillo que hacen ruido al caminar. Toc, toc, toc. Maravilloso un Gigante con botas de tacón, cón, cón. Encima de las sillas los gestos se hicieron más amplios y la voz salía más lejos. No sé como surgió el juego de inventarnos ese Gigante. No fue una propuesta mía del tipo: “Vamos a crear un personaje”. No. Pero alguien lo dijo y yo cogí al vuelo la idea y el Gigante fue distintas voces y tan tonto que no sabe hablar y muy lento. Muy lento, ¡qué hallazgo!. Imaginas un ser grande avanzando a zancadas sobre las montañas y no. Este Gigante de tercero de primaria avanza tan lento que verlo venir es un espectáculo tan hermoso como ver a un grupo de niños y de niñas crear. Vídeo:

Taller de Narración Oral. Proyecto de innovación educativa del CEIP Basilio Paraiso.

Página del colegio.

 

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Noche de palabras.

Me contó mi padre que él y su hermano se juntaron en casa de sus primos para una boda. Ya no vivían juntos y hacía tanto que no sabían el uno del otro que empezaron a contarse y se les pasaron las horas. Su tía llamó a la puerta. Pensaron que estaban molestando el sueño. “Ya nos dormimos, ya.” “No, dijo su tía, si ya es hora de levantarse.”


Oficio.Repertorio. Stop.

Elegir las historias que vas a contar, hacerte un repertorio. Una tarea hermosa y llena de vericuetos. Me ha hecho crecer como narradora y como persona. Aceptar el reto de contar materiales de distintos géneros literarios: ensayo, crónica, retazos de novelas. Mezclar vidas de personas con material tradicional. Material tradicional con literario…Buscar formas nuevas, nuestras, de cada narrador/a. Porque nuestro oficio es artístico. Siento que me debo a mi público, pero también a mí. A lo que yo quiero proponer como voz y cuerpo que se presenta ante un público y propone un mundo.

Contar historias implica fiarme de mi imaginación:
Cuando elijo una historia debo imaginarme contandola. Así sé si puedo o no hacerlo. Debo saber que ella puede estar a gusto en mi imaginario. Hablo de las historias como si fueran seres vivos porque para mí es así. Y me doy la libertad de cambiarlas, escoger sólo una parte de ellas, mezclarla con otras.
Me fio de mi imaginación cuando cuento porque estoy dentro de la historia que narro. Y confío en que el público me acompañe en ese viaje. Veo llegar al público y me lleno de respeto por el rato que van a dedicar a escuchar historias. Me miran, confían. Yo también debo confiar en mi repertorio. Cuando estamos ahí todas, cuando me doy cuenta en un silencio que estamos en el mismo lugar: en la historia, es belleza.
Gente distinta, cada una con su vida.
Ahí están, acompañando los érase una vez cuando todo es principio.


Proyecto Atrapalabras.

Dadme un momento de belleza y me reconcilio con el mundo. De eso va este cuento que ya está en postales para que te lo encuentres en cualquier paseo. Con ilustración de Maria Jesús Belinchón. Una pintora que también trabaja con collages.  El latido del mundo.jpg

Cuento de noviembre. El latido del mundo.


Un poco más de diario de viaje.

Estuve en Simat de la Valldigna contando en ese antiguo monasterio maravilloso. Todo preparado con cariño y una alegría encontrar a los compañeros/as. Conté un ratito, una muestra de mi trabajo y cuando bajé un niño me dijo: “Me hubiera gustado que siguieras. ¿Quieres un caramelo?” “Si, gracias.” “Coge otro para el camino.” “¡Vaya, sí que te han gustado los cuentos!” “Si”.

Simat.

Foto de Nacho. Bibliotecario de Requena. 

En La Litera Pili decide que vamos a hacer un selfie al final de la sesión para estar todos en la foto y el joven que se encarga prueba, salimos cuatro, vuelve a probar, salen otras cuatro…no hay manera. Sale un selfie imperfecto pero muy reído.

Selfirisas

Proyecto Narralunas. Zaragoza.  Taller de formación con profes de secundaria que se lanzan a jugar con su vida, ponerla en gráficas y números. Discuten sobre Juan sin Miedo como si estuviera ahí con nosotras, preguntan cómo dónde encontrar cuentos. Les doy las gracias.

Biblioteca Manuel Alvar, La sesión para bebés sale tranquila. En un momento de silencio miro al público y me parece un momento tan hermoso que me cuesta arrancar a contar. Cuando la sesión acaba, el público se queda charlando. Ya se conocen de los cuentos.Vais a tener más días. Mira: bebe-cuentos

 


Bienestar cuenteríl.

DOS MOMENTOS DE BIENESTAR CUENTERIL. 

1.Esta primavera, en la sesión de la Biblioteca de Montañana conté: “Chiquitina”. Un cuento tradicional que me encanta contar por la sorpresa que provoca. Era un grupo cerrado de niños y niñas de cinco y seis años pero vinieron un par de madres con niños más peques. Hicieron un momento de silencio perplejo y luego rompieron a reir. “Otra vez”, dijeron a coro. Y lo repetí. Volvieron a reir con la misma intensidad. “Otra vez”. Cinco veces conté el final de Chiquitina y reímos. Ahora me llega un mensaje de voz de una amiga que me manda un mensaje de otra amiga que estuvo allí (una de las madres con peques) y pregunta cómo es exáctamente el cuento. Su hijo se lo pide una y otra vez y no está segura de recordarlo bien. Así que en el mensaje de voz  relata el cuento enterito, con detalles que yo no cuento pero ella imagina, y pide, por el bienestar cuenteril de la familia, si se lo puedo volver a contar.

 2. Voy a la Biblioteca de Villaviciosa de Odón, la primera sesión de esta temporada. Hace una tarde de sol preciosa asi que hay poca gente. Niños y niñas pequeñas y una niña de once años que se sienta contenta en primera fila, participa, ríe, adivina, pregunta. Cuando acaba la sesión nos quedamos hablando: “Dicen que los cuentos son para más pequeños pero a mí me gustan mucho. Me gusta leer. Mi tío dice que voy a leerme toda la biblioteca. ¡Y lo voy a hacer!”.  “Claro, le digo. Todas las bibliotecas puedes leerte.”

 


Todos los mundos propios.

“La creatividad está del lado de la salud, es lo que te mantiene cuerdo. Es una forma de ampliar tu mente y calmarte.” Jeanette Winterson.

Arreglando papeles me doy cuenta de cuánto repertorio he ido creando estos años como narradora. Lo siento como un universo propio en el que me muevo libre al empezar a contar. Ahora me apoyo en ese mundo que he ido creando. A veces camino de puntillas sobre él, otras lo paseo.
Cuando empecé a definir la narración oral como ocupación principal, cuando decidí que iba a ser mi trabajo, tuve contramodelos. La locura, la auto-destrucción como destino o castigo por ser artista. Van Gogh mísero, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik…En un seminario de literatura Claudio Rodríguez, ese poeta que yo sabía de memoria, nos dijo que nuestra generación, tan joven, no bebía lo suficiente para escribir bien. Magda dice que viene del romanticismo la idea del artista buscando en los excesos y en la muerte.
Y yo creo que tiene consecuencias. No sólo para las personas que nos dedicamos a un oficio creativo sino para cualquiera. Que la posibilidad de “crear” sea propiedad de unos pocos genios o sea algo muy peligroso, quema si te acercas, tiene consecuencias cotidianas.
El placer que nos puede dar crear un mundo nuestro con palabras, dibujos, movimientos de baile…El placer de lo inútil. La felicidad absoluta que cuenta Van Gogh en sus cartas cuando camina y ve amarillos, verdes…
En los talleres de narración veo a la gente contar pedacitos de su vida, veo cómo se transforman contando: los ojos más grandes, el cuerpo abierto, los gestos apropiados a la historia. Veo cómo cambia la escucha de todo el grupo. Cuando este verano hice un juego de abrir puertas en cartulinas con chavales/as mayores imaginaban puertas a lugares hermosos, propios. A veces invitaban a los demás, otras veces querían estar solas. Con sólo rasgar una cartulina parecían mundos. Esta ahí ese espacio abierto, lo tenemos. Parece que estemos esperando el permiso. Que alguien nos diga: “Venga, imagina, cuenta eso que no te parece tan importante pero quieres contar, canta un poco esa nana. Nadie se va a reir de tí”.
El permiso es nuestro.
Pienso en este mundo inmaterial que he ido creando con mi oficio. Pienso en todos los encuentros que me ha posibilitado este ir de un lado a otro contando historias, encuentros que ahora configuran mi vida afectiva.
Y sí, la creatividad puede estar del lado de la salud.

Pintada en Madrid


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