Una vida pájaro

Ingresó en el hospital de urgencia con insuficiencia cardíaca el 27 de enero y murió quince días después. Estos son retazos del diario de hospital acompañando a mi padre: Francisco Pérez Giner. Saco estos momentos del ámbito familiar. Gracias a todas las personas que han estado cerca atentas, cariñosas. A las amigas/os con sus flores. A la sanidad pública.

27. enero. Ingreso. Pasamos a verle un momento. Pide el periódico. Se precocupa por si hemos cenado ya, si estamos bien. Le dejan en un box esperando el resultado de la PCR. En unas horas, al salir negativa, lo suben a una habitación de cardiología. 

28. enero. Entra la enfermera. -Fíjese que pensaba que estaba muerto, ya me ha dicho mi hija que no. La enfermera sonríe. -No está muerto, no. -Si, ya me ha dicho mi hija. 

30. enero. Mi padre sujeto. Pájaro sujeto. Quizá sea eso, nos convertimos en pájaros. Nos cuesta emprender el vuelo por la falta de costumbre pero cuando partimos, el cielo se nos hace pequeño. Alegría de vuelo. “Si es una cuestión de dinero lo arreglamos”, dice padre en su delirio. 

Los tres hermanos nos encontramos. Reímos. Cenamos juntos.

3. febrero. Noche. Mi padre me ha hecho el signo de OK con la mano y me ha mandado besos con la mano sobre la super-mascarilla de oxígeno. No come. No puede hablar. La mascarilla de oxígeno le tapa las palabras. Tiene la boca abierta todo el tiempo. Sonríe. Nos damos la mano y al poco la aparta en un gesto brusco.Se despierta sobresaltado. Me ve y se tranquiliza. Nos saludamos.

Contra todas las máquinas que mantienen a su yayo, Lucía cree que va a mejorar. 

#hospital  Noches eléctricas. Sólo leo novela negra. 

6. febrero.  #hospital mi padre estira la mano, busca en el aire, quiere tocar el mundo

7. febrero.  Le retiran el respirador y reacciona bien.  Tiene un día muy bueno.  -¡Qué días tan malos, papa! -Si. Han sido unos días muy malos. 

8. febrero. Muy grave. Hablan de tirar la toalla. (¿Qué toalla?) Está en sus delirios. Peleo con ellos. Quiero que vuelva, que esté un rato conmigo. -No te pelees con sus delirios, me dice luego Magda.

8. febrero. Tarde. Entro a verle un momento. Madre y Belén esperan fuera. Le saludo y me reconoce. Me dice: Ahora necesito espacio. Quiero que te vayas.  -¿Me voy? -Si. Yo voy a seguir más en estas vacaciones extrañas que me he montado este año.  -¿Estas son unas vacaciones extrañas? Encoge los hombros. Dice: Si. Voy a ver si resuelvo mis problemas de incendio interior. 

10. febrero. Mañana. Le cojo la mano. Canto. Las canciones del repertorio de bebés y luego las canciones de la clase de canto. Alguna la repito varias veces. Le cuento el día que hace, cómo bajan gota a gota aún las medicinas. Le digo que le queremos mucho. Le doy besos en la mano antes de irme, como hacia la mareta al darnos la propina: “No te los gastes todos de una vez”, le digo y me voy

Muere esa tarde. Madre está con él de la mano.

DESPUÉS.  Quién ocupará ahora esos cuatro espacios que han sido esenciales para nosotras, para tí, padre, estos quince días. Cómo estará.

No puedo distinguir si un camino se interrumpe o se acaba.  Este bosque es confuso. 

 

¿Buenos propósitos?

Comparto aquí mi lista de propósitos para este 2021. Os podéis apuntar a realizar conmigo, o por vuestra cuenta, cualquiera de ellos:

  1. Ponerme en la puerta de un lugar público y dejar pasar a la gente: sujetar la puerta cada vez, saludar. No entrar nunca.

2. Comer helado en la nevera. Metida en el cajón de las verduras.

3. Comer pipas con sal sin quitarme la mascarilla en ningún momento.

4. Preguntar la hora a diez personas distintas en una estación. Que me vean cómo pregunto a una y a otro, como contrastando información.

5. Contar un cuento tradicional de atrás hacia delante. Acabar, como ahora, con el “Érase una vez”.

Os deseo feliz año con esta postal que ilustró Ester García para AEDA, una de las asociaciones de narradoras.

Una misma canción

Paiporta Mon de Contes se abre con una exposición de Llorens, su trabajo como narrador, fotos preciosas, amigos hablando de vida compartida. En el viaje pensaba en él. Siempre que nos encontramos tuvo una sonrisa, un tiempo para mí. Nuestro oficio es solitario y, a la vez, es una red de voces. En la mía están otras voces que me han enseñado este oficio, el modo de respetarlo. La de Llorens es una de ellas por su generosidad, su alegría. Por eso le dediqué la sesión. Y voló bien: Inevitable, en Paiporta.

Un momento de la sesion con Elisa signando.

En septiembre de 2019 estuve en el Tutú Marambá, un festival andante-allegro que nos llevó a contar por distintos lugares de Misiones. Una noche estaba entre cajas escuchando a Carolina Rueda y a Aldo Méndez, esperando para salir, viendo cómo bailaban las historias esos dos artistas estupendos y me subió la alegría por lo que veía y las ganas de contar bien, vivir bien.

Cada vez que veo a una compañera, un compañero con una propuesta artística. La PAI con sus Artilogios, Tania Muñoz y sus mundos únicos, y pongo sólo dos ejemplos de tantos, aplaudo y agradezco. Cada vez que reconozco una propuesta de Ignasi Potrony en mis modos de trabajo (su libertad con los motivos de los cuentos, su manera de “coser por debajo”), sonrío y agradezco. En el bosque de los cuentos por el que camino y me pierdo, los árboles tienen marcas amigas, por eso amo tanto este oficio.

Gracias a Susu Benitez por organizar el festival y cuidar cada detalle. A Carles y Yolanda por la acogida y el paseo y los regalos y a las narradoras/es con las que compartí programación que es casi como cantar juntos.

https://www.elperiodic.com/paiporta/paiporta-contes-cierra-quinta-edicion_720037

Por voz, mi cuerpo

La primera noche que pasé en su casa, bueno, la mañana siguiente, estuve mirando sus libros. Me asombró todos los que había de poesía y ahí estaba Louise Glück: El iris salvaje. No la conocía. Leí un par de poemas y apunté el nombre para buscar luego el libro en la biblioteca y poder leerlo. 

He leído a Louise Glück en ese mismo volumen porque he tenido la suerte de volver a esa casa una y otra vez. Nos hicimos amantes. Lo leí allí, otras mañanas con ella. 

Es buena poeta y además, es muy buena recomendando gente. Os aviso. 

…”tengo por voz solamente mi cuerpo.” L. Glück

De imaginar

En la sesión de cuentos para bebés: TRES SUEÑOS, cuento de Madre y Niña. No hay muñecos ni títeres, hablo de ellas, de cómo pasan juntas una tarde en la que se cuentan y se cantan y llueve y Niña salta en los charcos y vuelve a casa a secarse cuando está toda chipiada porque además ya es hora de dormir. Saco una cuna pequeña de madera y pongo a dormir los cuentos que han ido saliendo. Enciendo tres luces, que son los tres sueños que Niña va a tener esa noche, mientras canto una nana africana. Me levanto y pongo la cuna un poco lejos, para que los cuentos no despierten con el ruido. Acaba así. Un niño no se acababa de ir, tiraba de la mano de su madre hacia mí. Vino a pedirme si podía acercarse a ver a Niña dormida.

Manhattan Fest 2020

Desde el Festival Manhattan me hicieron la propuesta de narrar en diálogo con dos piezas de danza. Tuve la suerte de poder verlas antes, os pongo los vídeos aquí también. Las ví e hice una lista de motivos de cuentos tradicionales que podían enlazarse con las coreografías. De la primera pieza: Yeinner Chicas y María Garzarain. Me gustó el desafió de bailar sin música, con la que van creando los cuerpos con sus trayectorias y sus sonidos. Apunté itinerarios cerrados que se rompen, como en los cuentos se salen del sendero. El camino. El viaje. Péndulos que se desequilibran. Choques entre los cuerpos que cambian sus itinerarios, cada vez son más determinantes. Cargo contigo/me dejo caer. Corren. Corren y no están huyendo.

La historia que elegí en diálogo fue: El viaje extraño. Un cuento japonés. El muchacho tiene un sueño tan extraño que no logra sacarlo de la cabeza. Su padre quiere que se lo cuente: “No, padre, prefiero tenerlo para mí”. Cuando el padre le obliga a contarlo, el muchacho echa a correr. Encuentra un pantano, una casa con una luz…volará con la ayuda de un abanico, llegará a una isla ballena y luego, con la ayuda de la aguja de plata…

Entre las dos piezas cambié de lugar en la sala y sobre una mesa conté y canté tres poemas de Alejandra Pizarnik y un cuento breve, el último recopilado por los hermanos Grimm que creo que recoge todos ellos: La llave de oro. Acaba creando el misterio necesario para volver a dar paso a la danza.

De la segunda pieza apunté la espera. Dedos que martillean en la mesa, cuerpos que van ganando espacio. Sentado al revés, la cabeza en los pies. El mundo al revés de muchos cuentos. ¿Qué veo sobre la mesa, qué horizonte? ¿qué encuentro debajo, donde nadie está mirando? En el suelo se encuentran. Humor. Caminan juntos como patos. Seres fantásticos. Amor.

La historia que elegí en diálogo fue un cuento tradicional gitano que habla de un mosquito que se siente el ser más fabuloso del universo, el más apuesto, el más valiente…y su temeridad absurda le lleva a transformar su cuerpo una y otra vez hasta llegar a ser un mosquito pollo.

Gracias a cada persona que ha hecho posible el festival en estos tiempos extraños. Gracias por darme la oportunidad de buscar formas nuevas a mi trabajo y por todo el cuidado.

De un lugar a otro.

Cuando empiezo a contar miro al público y me parece un grupo compacto que asusta un poco. Luego canto y voy individuando caras, desde esa calma que me da el cantar. Cuento la primera historia y escucho una risa, una expresión de asombro y ya me quedo con esas caras donde apoyarme y al final de la sesión tengo al público bastante definido. Depende del número de personas, de cuanto favorece la situación la cercanía pero suele ser casi todo. Es un proceso de acercamiento. 

Cada cuento un mundo.

Noviembre. Centro Cívico Santa Isabel. Programa: “Mayores por la igualdad”.
Después de la sesión de narración propusieron hacer un debate. La mujer que organizaba me preguntó por qué había contado: Las doce princesas bailarinas. Me dijo que se había perdido con ese cuento, seguramente alguien más también. Me pidió que lo explicara.
Me quedé pensando. No sabía. Yo no puedo explicar un cuento, por eso lo narro.
Bueno, dije, no os lo puedo explicar pero os puedo decir por qué lo cuento. La madre de mi ex-pareja, que fue como mi madre, dejó de bailar cuando se casó. Antes iba cada semana con sus hermanos. Luego no, nunca. Como no iba a bailar, regaló su vestido azul.
“Esas cosas no son para estar en el armario”.
Me enseñó una fotografía, ella vestida de azul vuelo, azul baile.
“¡Ah, me dijeron, de acuerdo.”

…”Nunca más sus cabellos se enredarían en diamantes. Nunca más sus zapatos se gastarían con la risa“. Anne Sexton.

2018. Una sesión de Narralunas con profes de secundaria. Entran al juego. Una mujer habla de cuánto le gustaba la historia de la princesa del guisante. Pasa de hablar de ella a narrar la historia. Así, la princesa del guisante atraviesa sola la tormenta, la lluvia le ciega los ojos, los relámpagos le ayudan a ver el camino.
En el silencio que ha creado su relato la profesora concluye diciendo: “Llega desvalida buscando cobijo, pero al mismo tiempo ha atravesado sola una tormenta.”
Somos todo eso. Cada cuento un mundo.

De: Las que ríen.

Llevo años moviendo esta sesión de narración oral para público joven y adulto construida desde una perspectiva de género. Historias de mujeres que miran el mundo, lo habitan, lo viajan, buscan modos. Historias de violencia de género con mujeres que bailan su dolor, le dan forma. Mujeres, viejas, niñas que luchan con una serpiente, se hacen amigas de un tigre, llevan alas, saben transformarse en árbol, piedra…Cada año incluyo repertorio nuevo porque busco siempre y hay lugares en los que me llaman cada año. La variedad de las mujeres está en los cuentos tradicionales, la variedad del ser humano. Me gusta mostrarlo. Los cuentos que he encontrado este año me llenan de asombro. Así los cuento: asombrada.

En la Biblioteca de Alagón era la primera vez que hacían narración oral para adultos. Fue convocatoria abierta y el espacio se llenó. Eventico grabó este vídeo que da buena idea de la sesión: los cuentos, las canciones y sobre todo, la gente escuchando (hay un señor con la boca abierta como un niño, me encanta). Un regalo.


Mi paso por las nubes.

No os conté de mi paso por las nubes. La Feria del Libro de Logroño contó con un espacio en las nubes preparado por Zarándula para contar y escuchar historias. Conté para público familiar a las seis de la tarde y a las ocho para público adulto. Y…

¿Te acuerdas de la sensación de adormilarte en una habitación con adultos charlando, cerrar los ojos mientras sientes las voces y sentir cómo te va llevando el sueño y saberte acompañada?

¿Te acuerdas de escuchar conversaciones de gente adulta y no estar segura si debes estar ahí pero no te miran ni te dicen nada asi que escuchas y entiendes sólo a ratos pero otros momentos descubres cosas que te asombran o te asustan y te acercas a una persona que quieres y te quedas muy cerca o le coges un brazo y sigues escuchando invitada a un mundo que no es el tuyo pero sí.

Dividimos público y espacio. Sesiones para público adulto con historias más largas, tramas mas complejas. Sesiones para público familiar o para bebés…Pero cuando se mezclan a veces salen cosas preciosas. Un grupo de niños y niñas asistieron a la sesión para público adulto. Me avisaron que podía pasar, no fue una sorpresa y eso está bien, no fue una sorpresa. 

Y los niños, las niñas que acudieron sabían que la sesión no estaba pensada para ellos. Escucharon con respeto y se acercaban a la persona que querían cuando algo les conmovía o les resultaba extraño. Yo lo veía mientras contaba y era hermoso. La niña de unos diez años moviendo la silla para acercarse a su padre, cogerle del brazo.Fue hermoso. Sorpresas del oficio. 

 

Espacio para la narración organizado por Zarándula.