Archivo mensual: abril 2012

Un lugar para vivir.

Teatro de objetos e historias. Fuí a ver el estreno. Nos sentamos alrededor de una tarima de madera, dentro del escenario del teatro. Fuí con mi niña Lucía. Atendiendo a un criterio motorio de evaluación, la historia le gustó. Lucía estuvo bien quieta y atenta todo el espectáculo, contenta de poder  participar al final.

Yo también me quedé muy quieta. Los dedos que pasean me gustaron. El modo de pasar de una historia a la acción teatral de modo que una lleva a la otra. Ver cómo se va creando una ciudad con materiales cotidianos. Me encantó reconocer los poemas y verlos en un sitio dentro de la historia, bien dibujados.

Magda no espera poco del público. Eso da placer. Saber que están jugando en serio, que han puesto todo su empeño en lo  que te muestran y te invitan a pasear por sitios nuevos.

Tendrá que repetirlo, claro.¡Estad atentas/os!

Un lugar para vivir. 

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Itinerario previsible.

Por la calle juego a observar los pasos de la gente, seguir su dirección con la mirada. No la cambian. Caminamos recto, de un modo apresurado. Con la bici voy sorteando esos itinerarios fijos. De pronto alguien para porque le suena el móvil, para mirar un escaparate…y yo freno o esquivo. La gente anciana cambia más su movimiento, los niños…hay que tener más cuidado.

En ese momento: cuando alguien para o  cambia dirección de un modo brusco…ahí empieza una historia.  La partida del lugar conocido: de la Comarca, de esa casa con luz…y la persona, el personaje ahora, se aleja con una única moneda en la mano, su herencia. Con eso empieza otro camino en el que deberá salvar la vida y conseguir una historia propia. 

Cuando alguien para, cuando de pronto surge un silencio en medio de la calle y tú, que estás cruzando sin pensar, notas ese silencio y un escalofrío en la piel, el miedo de que sea la muerte la que está provocando esa pausa. Luego suena un claxon o alguien habla y el movimiento continua. Es el juego de las sillas, decía Nicolás Buenaventura: Cuando para la música tienes la silla donde los demás esperan que te sientes, la que te han asignado. Y puede que tengas otra silla, la que tú querrías ocupar, que está algo más lejos, o sola en otro lado. Cuando para la música, corres a ocupar un sitio, risas. 

El azar, que en los cuentos se encarna en los duendes, las hadas…y en la calle altera nuestros pasos de pronto. Nos hace mirar a una persona que iba a pasar a nuestro lado o encontrar una moneda en el suelo.( “¡Qué tontería, una medalla sin agujero. ¿Para qué sirve si no tiene el agujero para colgarla al cuello”, diría Juan el tonto). El azar nos hace  entrar a la deriva. 


Oficio de zascandil.

Mi padre hacía el mismo camino.

Necesitaba hacerlo,cada día, para poder pensar en sus cosas.

La rutina lo dejaba libre.

Pero yo no tengo otra cosa

que el camino.


¿Y cómo sabe la luna mi nombre?

Para dormir a Lucia improviso una letra de la “Tonada de luna llena”:

“Duerme mi Lucía linda

que tendrás sueños bonitos

la luna que está muy grande

te mirará despacito”…

-“¿Qué significa que la luna me mira, mamá?, ¿cómo me va a mirar la luna?”

-“Son cosas que dicen las canciones.”

-¡Ah!, dice. Silencio.

¿Y cómo sabe la luna mi nombre?…

Aquí os dejo la canción de Simón Diaz.


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