Archivo mensual: junio 2012

…por lo visto.

Gil de Biedma.

Su modo de hablar  de la compañía.  La paz entre los cuerpos amigos.

…”Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.

A veces, al hablar, alguno olvida 

su brazo sobre el mío, 

y yo aunque esté callado doy las gracias,

porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.”

Sus insultos a sí mismo que hago míos alguna madrugada: …“zángano de colmena, inútil, cacaseno“…

En una parada de metro está su poema: “No volveré a ser joven”. Lo lees de viaje a otro lado, te quita la prisa.

Está cantado, claro. Y en las plazas con estatuas.

Y estuvo un tiempo en un muro de Laspuña.  http://www.nabatiando.com/2008/08/poesia-en-o-fronton.html.Alguien se dedicó a la pintada poética. Concienzuda, sin la policía espiando los pasos.

El poema está cambiado. La grafitera se tomó su libertad y el primer verso: “Por lo visto es posible declararse hombre”…. cambia a: “Por lo visto es posible declararse persona”. Faltan también las últimas palabras. Pero el poema está. Y dan ganas de seguir con otro, otro…pueblo de calles de versos torcidos, a trozos rotos, en letra pequeña o una sola palabra enorme. Tiras de verso cayendo por una ventana, en los felpudos de las puertas, en los chatos de vino.

Esta pintada invita a jugar.

 

 

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Lo que rodea.

Cuentos en espacios ya habitados.

Cuando narras el silencio del público (o la falta de ello) construye la historia tanto como tu trabajo. También el espacio.

Fotografía de Paco Gª Barbero

 

En Laspuña hice la sesión en una sala donde estaba instalada una exposición de fotos de Salgado. Sus imágenes acompañaban a las mías, se superponían, brillaban en los momentos de silencio.

Hace tiempo a Carman Sancho se le ocurrió presentar la biblioteca municipal de Delicias, su proyecto  multicultural, en la calle. (http://www.amediar.es/). Buscamos cuentos, sacamos un montón e inventamos escenarios momentaneos, pausas de palabras en los juegos.

 

El miércoles pasado nos encerramos en el colegio público Basilio Paraiso en defensa de la escuela pública. En el programa de actividades estaba yo y quería contar, pero no encontraba el momento. Me ayudaron a acercar a los chavales. “¿Dónde quieres ponerte?”, me preguntaron. Yo estaba en medio del patio, dudando…”Aquí”. Y me senté ahí mismo. El círculo se fue creando, Lucía a mi lado. Y de pronto se creó el silencio justo, la historia salió sola, entre risas.

Me encanta trabajar en teatros, salas adecuadas, pero también en esos espacios que se vuelven maleables a las palabras y moldean de otro modo tus historias, les dan un sentido que no habías visto, las vuelven cometas.


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