Archivo mensual: noviembre 2014

Las buenas preguntas.

En la biblioteca de Zuera conté para tres clases de tercero. Eran las tres de la tarde, no teníamos prisa; por eso al acabar, les invité a preguntar o comentar lo que quisieran y se animaron. Hacían preguntas estupendas todas sobre las mismas dos historias: una de las Mil y una noches y la otra de tradición rusa: Vasilisa la bella y su encuentro con Baba Yaga, esa bruja que vive en una casa sobre patas de gallina. “¿Por qué la bruja le dice que si pregunta mucho puede volverse vieja demasiado pronto?”, “¿por qué el pescador piensa que no tiene nada que perder cuando se está jugando la vida?”,”¿por qué las hermanastras apagan la vela?”…
Me fui pensando que las buenas historias provocan preguntas.
Y me acordé de Maus, ¿lo habéis leído?Portada de MausMe quedaron grabadas muchas imágenes de ese comic: los aullidos del padre cuando duerme, el principio…pero me queda sobre todo una pregunta. El padre, Vladek, cuenta que la madre escribía en cuadernos. Siempre escribió. Durante toda su huída, los meses escondidos, mientras estuvo prisionera y después. La madre escribía. El hijo nunca leyó esos cuadernos. Recuerda a su madre inclinada sobre la página, recuerda no haberle dado importancia. Una y otra vez se los pide al padre, ahora necesita recuperar esa parte de la historia. Vladek le da largas y finalmente admite que los quemó cuando ella murió. “¿Los quemaste?”, le grita Art, “¡Asesino!”…Maus
Esos cuadernos, ¿qué pondrían? ¿cómo sería la letra seguro apretada y ocupando cada margen de la madre?
Los huecos, las preguntas. Lo que al narrar decidimos no contar, o no podemos hacerlo.
Puede que esas elipsis sean el espacio que tiene el público para habitar la historia que escucha.
Estas estupendas preguntas que me dejaron las niñas, los niños de tercero de primaria.

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Para todos los públicos.

El grupo de adolescentes del pueblo son los primeros en llegar a la sala donde voy a contar. Se sientan juntos en hilera pegados a la pared…y al radiador caliente. Miran llegar a los demás y comentan.
Dos o tres llevan el móvil en la mano todo el rato. Lo miran de vez en cuando. Uno hace una foto a su compañero mientras escucha, lo coge de perfil. Anuncio un cuento largo y me animan: “Sí, sí, uno largo”. Chirrían las sillas cuando se mueven.
Esperan hasta que todos los niños y niñas se van para acercarse a saludarme, ya la sala vacía.
“Nos hemos portado bien, ¿no?”, preguntan.


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