Archivo mensual: diciembre 2015

Por Ruth Orus.

había sesiones de cuentos para adultos en Zaragoza entonces, mínimo una vez al mes. Ruth, como el resto de amigas, venía siempre a las que yo organizaba. Ella llegaba temprano, cogía buen sitio. Al acabar se venía a tomar algo. Se ponía junto al narrador, a la narradora, muy cerca, no respetaba las distancias corporales, y decía: “A mí no me gusta escuchar cuentos. Me aburre. Vengo porque lo organiza Cristina y porque veo cuánto os gusta, pero yo me aburro.” Cada vez. Me enfadaba oírla, o me daba la risa. Ahora creo que intentaba entender, cada mes, qué era lo que se perdía en ese gesto extraño de contar y escuchar historias. Por qué a ella no le llegaba el placer de este gesto en el que a mí, y a los narradores y narradoras que venían, se nos va la vida. Esta vida que ahora es más extraña sin Ruth. 

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Momentos.

Un bebé coge el cuento de PATO. CUA, me dice. CUA, respondo y le empujo despacio con la cabeza. Los dos estamos sentados en el suelo. Él se balancea un poco hacia su madre, ríe. CUA, repite ahora más fuerte, poniendo ronca la voz. CUA, respondo y le vuelvo a empujar. Ríe de nuevo.                                                                        (Espacio Bebé. PAI. Zaragoza.)

Para acabar la sesión digo una serie de regalos mágicos. Levantan la mano cuando quieren uno. Digo uno de mis favoritos: “Un balón de fútbol que no rompe nada: juegas en el salón de casa, le das a la lámpara y no la rompe. Le das al abuelo y no lo rompe. “ Un niño lo escucha y suelta una carcajada tan bonita que no puedo seguir hablando. Le sigo en la risa.                                                                                    (Biblioteca J. M. Caballero Bonald. Fuenlabrada. Madrid. )

Yo me sé un trabalenguas, dice una mujer: “Butifarra,  desenbutifarronaté”. ¡Venga, repite!, me dice.                             (Taller: Fabular. Biblioteca Pública Huesca.)

A un niño le molesta que su hermano le cuente cuentos porque siempre lo hace cuando él se quiere mover.   “Eso en mi familia no pasa nunca”, dice otro niño.                                                                                                 (Taller: “Tantos cuentos, tantos mundos.” Caixaforum. Zaragoza).

Una niña sentada a mi lado en el círculo lleva una goma de borrar blanca en la mano. Mientras escucha, la pasa lento por los labios. Parece que se vaya a borrar la boca.                                                                    (Taller: “Tantos cuentos, tantos mundos.” Caixaforum. Zaragoza).


De lo perdido.

Creo que una persona se define tanto por lo que tiene como por lo que ha perdido. Por eso algunas historias hablan solo de una pérdida, porque esa pérdida define por completo una vida.

Hay historias que solo se pueden contar por su ausencia. Debo rodearlas, contar su reflejo en otras.

Tengo un cuento de Jean Rhys en mi repertorio que me intriga. Lo escogí porque tiene un momento bellísimo en el que una canción suena desde la celda de castigo y la voz no se queda entre los muros. Parece romperlos. Pero también lo cuento porque la protagonista se me escapa. No puedo verla bien. Hablo de objetos: su maleta, una casa al final de una cuesta, el hombre que le deja ocuparla,vasos rotos en el suelo de una cocina llena de sombras, el árbol fuerte y hermoso que se ve desde esa ventana, ocupando todo el jardín.El hombre que va a verla le compra solo  botellas porque ella no tiene hambre. “Come, le dice antes de irse con prisa, no me gustas tan flaca.” Cuento la risa de ella, desafiante, las manos apoyadas en las caderas, el cuerpo inclinado hacia atrás cuando su vecina le insulta desde una ventana. Cuento sus manos agitándose nerviosa ante ella cuando intenta explicarse ante el juez. La cárcel que es un castillo, una celda pequeña en enfermería desde la que se ve un árbol flaco y una mañana que logra salir al patio, la canción. Una voz que está a punto de romperse cantándole que no se rinda. Ella piensa que si esa canción la acompañarán cien mil trompetas, los muros de todas las cárceles caerían.

Eso cuento a veces, lo que se me escapa pero habla de vida.


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